Mi primer contacto con la informática fue hace más de treinta años, en el departamento de sistemas de Banesto. En aquella época, la tecnología en banca no era un accesorio: era la columna vertebral de la operación diaria. Cada proceso tenía que funcionar, cada dato tenía que cuadrar, y no había margen para la improvisación.
De ahí di el salto al sector de telecomunicaciones, donde la escala era otra pero la exigencia era la misma: sistemas que tienen que funcionar en producción, no en una presentación. Fueron años de proyectos complejos, equipos grandes y plazos que no esperan.
En 2014 fundé AMBG con una idea clara: aplicar ese nivel de exigencia técnica al tejido empresarial que realmente lo necesita — las pymes. Empresas que no tienen un departamento de IT de veinte personas, pero que dependen de sus sistemas tanto como una gran corporación. Empresas donde un ERP mal implantado no es un problema de IT, es un problema de negocio.
Hoy AMBG trabaja con empresas de logística, distribución, industria y servicios en toda España. No somos muchos, pero conocemos cada sistema que implantamos porque lo montamos, lo ajustamos y lo mantenemos nosotros mismos. Sin intermediarios, sin rotación de equipos, sin empezar de cero cada vez que hay una incidencia.
Si tu empresa necesita que la tecnología funcione de verdad — no que alguien te cuente lo que podría funcionar — me gustaría que habláramos.

